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viernes, 8 de junio de 2012

Paseo por los Oscos




En esta ocasión nos dirigimos desde Vegadeo, en el vértice de la Ria del Eo, hacia el interior por La Garganta.











Simplemente un paseo, no es nuestra intención ver nada concreto, no tenemos una ruta determinada ni problemas horarios.









Subimos hacia Santa Eulalia de Oscos, una subida importante en cota, pero no tanto en kilómetros, durante los que uno va disfrutando de la panorámica que nos ofrecen los valles que se suceden y de la Ria que vamos dejando atrás.





A medida que ascendemos las cimas se muestran erosionadas por el castigo de los vientos y aparecen en la carretera las señales medidoras de la nieve, tan necesarias en invierno por estas vías.

No ha sido invierno lluvioso ni demasiado crudo, pero los ríos bajan con caudal que nos proporciona una grata visión de frescura y vida.

Disfruto contemplando las construcciones en piedra oscura, tanto los más humildes lavaderos de ropa como los importantes “casonas-palacio” que con el paso del tiempo se han ido abandonado.








Hemos hecho un alto en San Martin para tomar un tentempié en La Marquesita, un restaurante situado en medio del pueblo, donde un simpático joven nos atendió muy amablemente y  dijo: en temporada baja no tenemos muchas cosas.





¡No queremos muchas cosas….lo que haya! Un caldo hecho con berza rizada y un filete de ternera muy bien preparados ambos y de postre, requesón de Taramundi con miel de Teixois.



¿Sencillo…. si; mejorable…. no?



He aprovechado para hacer una fotos a la Iglesia que está rodeada de un precioso atrio cubierto y a la bonita portada del  Ayuntamiento . Unos kilómetros más adelante, el Palacio de Mon me produjo gran tristeza  ver el estado de abandono en que se encuentra lo que en su día debió de ser una importante casa blasonada.

Llegamos hasta el embalse de Grandas de Salime y lo que más me impresionó de él fueron las construcciones fantasmagóricas en los acantilados de la montaña, restos las instalaciones de cuando se construyó a partir del  año 1946, y donde trabajaron alrededor de 3500 obreros. Se inauguró en 1954.

Existe un curioso mirador, desde el que se divisa el salto, al que se accede por un pasadizo con puerta metálica, al que  llaman “la boca de la ballena”.


Nosotros empezamos el descenso y les dejo con las fotos....







domingo, 3 de junio de 2012

Mirando al mar


Para los de mi generación, la playa de Las Catedrales es una de las muchas que hemos disfrutado siendo jóvenes; la conocemos de arriba abajo y la hemos pateado hasta el cansancio cuando las mareas bajas y las mareas vivas nos permitían pasar de unas a otras, ya que antes no estaban habilitadas las bajadas como ahora.









Ya hace años que prácticamente solo vengo en verano, y no suelo ir mucho, ya que como mucha gente sabe, se ha convertido en tour de excursiones y parece un monumento a visitar mas que una playa: ahora lo habitual es ver turistas vestidos e incluso se dirige el tráfico de subida y bajada a la playa.

Aún así, el espectáculo de estos monumentos naturales merece la pena, estos acantilados sobrecogen a los no acostumbrados a verlos.
En la parte alta de los acantilados podemos encontrar un paseo peatonal que va bordeando la costa durante varios kilómetros, si tienen la oportunidad no dejen de caminarlo.


Nos ha coincidido con la hora del almuerzo y recalamos en el Restaurante Las Catedrales donde elegimos comer en la terraza a escasos metros del acantilado y con el Cantábrico de frente.

Somos recibidos muy amablemente por un camarero, de los de la antigua escuela, discreto, correcto, simpático y muy profesional que nos recomienda la ensalada especial de la casa y añadimos el pulpo, la carne asada (muy tradicional de nuestra zona).
La ensalada, con frutas como melón, manzana, naranja, va acompañada de anchoas, salmón y langostinos, realmente buena y original. El pulpo muy bueno con un fondito de caldo que hace fundir el pimentón con las patatas.


Y por fin, la carne asada, tierna, jugosa y exquisita, con las patatas fritas bien impregnadas en el jugo de la carne...uhmm todo un manjar.

Siempre que puedo me gusta echar un vistazo por las entretelas de los establecimientos y no he podido irme sin felicitar a la cocinera, que como el mundo es un pañuelo, resultó que Angélica es paisana mía y trabajó con mi madre hace tiempo.




He prometido volver y lo haré, y a ustedes les invito a visitar este norte donde todos los sentidos se recrean. ¡Se lo recomiendo!


jueves, 31 de mayo de 2012

Muy a gusto


Siguiendo con las excursiones costeras por la Mariña lucense, hemos llegado a San Cibrao- San Ciprián; un pueblito encantador y tranquilo de gente afable y con unas playas de arena blanca prácticamente a pie de asfalto.

Ya conocíamos de una anterior visita, la Cofradía de pescadores, o para ser mas exactos el Bar del Puerto y aún para "decirlo del todo bien" El bar de Tola y hacia allí nos dirigimos a picar algo, que ya apretaba el gusanillo.


El lugar no deja de ser un muelle como la mayoría, pero la vista de la playa con su agua cristalina, produce una gran tranquilidad e invita a relajarse y disfrutar con su vista.

Tola, es toda una fusión vasco-gallego.... ¡si señor, usted ya es también gallego!. Un personaje que es el alma del negocio familiar, donde su reino es la cocina en la que su querida Águeda supervisa la buena marcha de los fogones y de que todo salga a la perfección.

En el momento de nuestra llegada, aparecía Montxo su hijo mayor, con unas cuantas lubinas recién pescadas y dos de las cuales inmediatamente dejé claro que íbamos a comerlas nosotros.

Así el asunto, en un plis-plas, Roberto el segundo de los hijos, nos acomodó unas mesitas en la terraza y  con unas cervecitas esperamos el pulpo y las almejas encargadas para comenzar.

Puedo decir que la comida superó con creces lo esperado, las almejas de buen calibre y muy sabrosa marinera, el pulpo en su punto justo de todo y las lubinas sencillamente perfectas, acompañadas de una refrescante ensalada de lechuga, tomate y cebolla... ¡así sin más florituras innecesarias!....pero no he de olvidar lo que me parece más importante: la atención y amabilidad que nos ha dispensado toda la familia con un trato cercano y correcto.

Un lugar que desde éstas líneas, les recomiendo, porque sé que puedo hacerlo: El bar de Tola

miércoles, 5 de octubre de 2011

¡ Una agradable visita !


Conozco a Marina y a Paco desde pequeña, o quizá sería mas acertado decir que ellos me conocen desde que correteaba y trasteaba con mis amigas Conchita y Mela por todos los intríngulis del Parador de Turismo, lugar donde ellos cumplían con sus obligaciones laborales.
¡ Madre mía, que santa paciencia tenía la pareja con nosotras, que eramos unos tremendos trastos !
Pasa el tiempo y con él mil vicisitudes; años en que todo se resume en trabajo, formar una familia y más trabajo.
 Años mas tarde en el 2000, este matrimonio emprende un nuevo rumbo al independizarse montando un negocio familiar, un hotelito, el cual hace unos tres de años han ampliado, por lo que en la actualidad disponen de 38 habitaciones, incluso algunas de ellas adaptadas para discapacitados.  Juan, su hijo, y su mujer Carmen, son en estos momentos los que han tomado el testigo y dirigen con su buen hacer esta empresa, siempre bajo la atenta mirada de los padres que no creo que se jubilen nunca; en temporadas de vacaciones también arrima el hombro el benjamín de la familia, un brillante futuro Matemático.
Todos ellos con gran acierto, han logrado crear un lugar con encanto, unas instalaciones que sin pecar de exagerada diría que son modélicas, en un entorno agradable y tranquilo, alejado del bullicioso centro del pueblo y muy cercano al mismo tiempo.
Las habitaciones, que son todas exteriores, tienen unas fantásticas vistas a la ria y están perfectamente equipadas con todos los adelantos y comodidades necesarias con una decoración agradable que transmite una gran calma.
Una sala habilitada para fumadores con vistas al jardín, para que los empedernidos lo puedan saborear a gusto , una sala de juntas, un comedor para desayunos se suman a las instalaciones para disfrute del visitante.
Disponen de un amplio comedor- restaurante abierto al publico en general, con una esmerada y variada cocina donde priman fundamentalmente los productos y la gastronomía de la zona, con una relación calidad-precio mas que interesante.
Aquí se cuida hasta el más mínimo detalle para que el cliente se sienta a gusto, como en familia y esto lo transmiten cada uno de los miembros del personal, educados, cálidos y cercanos profesionales con mucha experiencia.
Les estoy hablando del hotel O Cabazo, o para ser más exacta, O Cabazo do Zacurro , y les diré que su nombre viene por la típica construcción de la zona, el hórreo o cabazo, utilizada para guardar el grano, que todavía existe en las instalaciones y que data de principio del siglo IX (1820).




Es un lugar al que me gusta venir, tanto como cliente del restaurante, como amiga de esta familia y porque siempre consiguen que uno se sienta totalmente a gusto.
 Quiero desde estas líneas recomendarles que no dejen de alojarse aquí, si es que se encuentran por la zona de la mariña oriental lucense.
Esta familia les espera con los brazos abiertos.

 ¡ Les encantará y ustedes lo recomendarán próximamente !



Hotel-Restaurante O Cabazo