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domingo, 3 de junio de 2012

Mirando al mar


Para los de mi generación, la playa de Las Catedrales es una de las muchas que hemos disfrutado siendo jóvenes; la conocemos de arriba abajo y la hemos pateado hasta el cansancio cuando las mareas bajas y las mareas vivas nos permitían pasar de unas a otras, ya que antes no estaban habilitadas las bajadas como ahora.









Ya hace años que prácticamente solo vengo en verano, y no suelo ir mucho, ya que como mucha gente sabe, se ha convertido en tour de excursiones y parece un monumento a visitar mas que una playa: ahora lo habitual es ver turistas vestidos e incluso se dirige el tráfico de subida y bajada a la playa.

Aún así, el espectáculo de estos monumentos naturales merece la pena, estos acantilados sobrecogen a los no acostumbrados a verlos.
En la parte alta de los acantilados podemos encontrar un paseo peatonal que va bordeando la costa durante varios kilómetros, si tienen la oportunidad no dejen de caminarlo.


Nos ha coincidido con la hora del almuerzo y recalamos en el Restaurante Las Catedrales donde elegimos comer en la terraza a escasos metros del acantilado y con el Cantábrico de frente.

Somos recibidos muy amablemente por un camarero, de los de la antigua escuela, discreto, correcto, simpático y muy profesional que nos recomienda la ensalada especial de la casa y añadimos el pulpo, la carne asada (muy tradicional de nuestra zona).
La ensalada, con frutas como melón, manzana, naranja, va acompañada de anchoas, salmón y langostinos, realmente buena y original. El pulpo muy bueno con un fondito de caldo que hace fundir el pimentón con las patatas.


Y por fin, la carne asada, tierna, jugosa y exquisita, con las patatas fritas bien impregnadas en el jugo de la carne...uhmm todo un manjar.

Siempre que puedo me gusta echar un vistazo por las entretelas de los establecimientos y no he podido irme sin felicitar a la cocinera, que como el mundo es un pañuelo, resultó que Angélica es paisana mía y trabajó con mi madre hace tiempo.




He prometido volver y lo haré, y a ustedes les invito a visitar este norte donde todos los sentidos se recrean. ¡Se lo recomiendo!


jueves, 31 de mayo de 2012

Muy a gusto


Siguiendo con las excursiones costeras por la Mariña lucense, hemos llegado a San Cibrao- San Ciprián; un pueblito encantador y tranquilo de gente afable y con unas playas de arena blanca prácticamente a pie de asfalto.

Ya conocíamos de una anterior visita, la Cofradía de pescadores, o para ser mas exactos el Bar del Puerto y aún para "decirlo del todo bien" El bar de Tola y hacia allí nos dirigimos a picar algo, que ya apretaba el gusanillo.


El lugar no deja de ser un muelle como la mayoría, pero la vista de la playa con su agua cristalina, produce una gran tranquilidad e invita a relajarse y disfrutar con su vista.

Tola, es toda una fusión vasco-gallego.... ¡si señor, usted ya es también gallego!. Un personaje que es el alma del negocio familiar, donde su reino es la cocina en la que su querida Águeda supervisa la buena marcha de los fogones y de que todo salga a la perfección.

En el momento de nuestra llegada, aparecía Montxo su hijo mayor, con unas cuantas lubinas recién pescadas y dos de las cuales inmediatamente dejé claro que íbamos a comerlas nosotros.

Así el asunto, en un plis-plas, Roberto el segundo de los hijos, nos acomodó unas mesitas en la terraza y  con unas cervecitas esperamos el pulpo y las almejas encargadas para comenzar.

Puedo decir que la comida superó con creces lo esperado, las almejas de buen calibre y muy sabrosa marinera, el pulpo en su punto justo de todo y las lubinas sencillamente perfectas, acompañadas de una refrescante ensalada de lechuga, tomate y cebolla... ¡así sin más florituras innecesarias!....pero no he de olvidar lo que me parece más importante: la atención y amabilidad que nos ha dispensado toda la familia con un trato cercano y correcto.

Un lugar que desde éstas líneas, les recomiendo, porque sé que puedo hacerlo: El bar de Tola

viernes, 5 de agosto de 2011

Mi Norte

Mi vida y mis amores están desde hace muchos años en Santa Cruz de Tenerife, pero cuando pongo los pies en mi norte, mis raíces se revolucionan y se agarran más si cabe a esta tierra.

Estoy en una zona privilegiada, si es que puede haber una más que otras, un lugar de amaneceres plácidos, donde, cuando el tiempo lo permite, se comienza el día con un desayuno al más puro estilo rural en un entorno lleno de verdes y de hortensias, que nada tiene que envidiar a la famosa toscana.

Nuestra costa está llena de playas de finísima arena blanca con relajantes rompientes del cantábrico que nos baña y tenemos también la posibilidad de elegir las que existen dentro de la ría, que son una auténtica delicia, la opción de un paseo por mar o una jornada de pesca en las embarcaciones de vela o motor que aquí hay a disposición de todo el mundo.

Existen infinidad de sendas por las que caminar, disfrutando de un encantador paseo, bien bordeando la orilla del mar, la ria o por el interior en la reserva protegida para aves; unas rutas bien señalizadas por lugares umbríos, tranquilos y silenciosos, visitar un viejo molino de agua con su presa, darse un chapuzón en rincones tan plácidos que parecen piscinas particulares, o sencillamente sentarnos a leer o a contemplar la puesta de sol y compartir tertulias con los vecinos en las terrazas del muelle con un fondo de vistas a la ria, fantásticas.

Hay un hervidero de actividades por los alrededores, con las que poder entretenerse, mercados de pueblo, ferias de artesanía, temáticas como la medieval, exposiciones, conciertos, fiestas y jornadas gastronómicas, que muy frecuentemente se celebran durante todo el verano, que poder visitar, degustar y disfrutar con los productos de la zona.


Al anochecer es costumbre por estos lares el salir "de vinos" haciendo una especie de ruta, por los muchos establecimientos que hay y donde con cada vino o cerveza te obsequian con un pincho, tapa, o con la especialidad de la casa; después de estas rondas en las que la gente se suele reunir, lo más habitual es cenar en casa o fuera y después salir a las terrazas que se llenan para tomar una copa, escuchar música veraniega de moda y les aseguro que resultan unas veladas muy animadas.

Siempre animo a venir a conocer el norte a mis amigos y conocidos; a todos ustedes que me están leyendo, esta micro muestra espero que sirva para que algún día se planteen venir, aquí les estaremos esperando con los brazos abiertos.

Y es que....este norte, mi norte... ¡¡¡ Estamos de vacaciones !!! Disfruten de la visita.